Feminismos

Sangre, tierra y silencio: el doble vínculo de la experiencia femenina

Por Florencia Leiva Silva

Enero, 2025

Sangre, tierra y silencio

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La matriz es el órgano interno de reproducción de las hembras de los animales vivíparos en el que se desarrolla el feto. Es también el molde o la entidad principal, generadora de otras. En minería, la matriz es la roca en cuyo interior se ha formado un mineral. En este sentido, como nos alumbra Mistral, la matriz original es la fuente que “todo lo toma, todo lo carga / el lomo santo de la Tierra” (156). No es baladí que tantas culturas hayan instalado el imaginario de la madre-tierra para hablar de la naturaleza. De alguna manera, el accidentado camino que ha recorrido la mujer a lo largo de la historia sigue una curva análoga al de la tierra. Originalmente alineada con el ritmo lunar, la mujer sangraba directamente sobre la tierra. Sin embargo, especialmente desde la vorágine del progreso gatillada por la revolución industrial, estas dos entidades alguna vez en comunión comienzan a tomar distancia. A modo de ilustración de este problema, proponemos el caso del desarrollo de la experiencia vital de la menstruación a lo largo de la historia como una materialización del doble vínculo que levantan los mecanismos de progreso y modernización. Por un lado, la concepción moderna de la menstruación delinea “problemas” que en apariencia se resuelven gracias a los productos higiénicos comerciales. Por otro lado, el tachado de sus flujos naturales, junto con su ingreso en el sistema capital del trabajo desestabiliza el sistema de cohesión entre mujer y naturaleza, profundizando también el problema de la crisis medioambiental. Así, con el fin de explorar el supuesto de que existe una imagen especular entre la degradación de la condición de la mujer y la de la tierra, surge la siguiente pregunta orientadora: ¿Es posible alinear el doble vínculo de la menstruación con el modelo de las tres ecologías planteado por Felix Guattari?

Para entrar en el análisis del problema, es clave plantear el sistema que Guattari (1990) denomina como “ecosofía”. El autor da inicio a sus reflexiones con una descripción del problema contemporáneo del desequilibrio ecológico, sumado a la crítica de que “las formaciones políticas y las instancias ejecutivas se muestran totalmente incapaces de aprehender esta problemática en el conjunto de sus implicaciones” (Guattari 8). Ante esto, se propone un modelo de pensamiento de colaboración entre tres registros ecológicos para reorientar la solución a este problema: el del medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana (mental). Entonces, a la base de este trabajo está la idea de que el desarrollo de los procesos en torno a la menstruación pueden ser integrados bajo el modelo de Guattari con el fin de repensar tanto el estadio actual de la crisis ambiental de la tierra como la situación de la mujer en la sociedad actual.

A modo de contexto, cabe destacar que la concepción social de la menstruación ha atravesado una serie de cambios a lo largo de la historia. La tendencia observada por el estudioso Fred E.H. Schroeder en su texto “Higiene femenina, moda y la emancipación de la mujer americana”, es que las sociedades tribales poseían actitudes psicológicas en torno a la menstruación muy ligadas al cosmos y a la cultura (Gershon 2018). Un ejemplo de esto es la imagen que presenta el antropólogo Chris Knight en su revisión histórica de la menstruación (Fig. 1). En estos tallados podemos ver claramente la manera en que la cultura concebía el proceso de la menstruación desde un imaginario colectivo perteneciente a los circuitos artísticos y venerado por su conexión con la fertilidad y la abundancia de las tribus. No así, detalla Schroeder, las sociedades no tribales desde la conformación de lo que conocemos como civilización han construido un discurso de la vergüenza y la culpa en torno al ciclo femenino, relegandolo al espacio privado y al mandato del silencio

Tallados de roca en el río Yule

Fig. 1: Tallados de roca en el río Yule, Pilbara, Australia Occidental. Arte rupestre de indígenas australianos que ilustran imágenes de figuras femeninas danzando en una unión de flujos menstruales.

Con esto damos paso al despliegue del vínculo explícito que identificamos entre el ejemplo concreto de la menstruación y el problema medioambiental. Según el artículo “How tampons and pads became so unsustainable” de National Geographic, una sola persona utiliza un promedio de entre 5-15 mil tampones/toallas higiénicas a lo largo de su vida, productos que tras un solo uso terminan en vertederos como desecho plástico (Borunda 2019). Desde los inicios de la comercialización de productos sanitarios en 1933, las industrias químicas han desarrollado más y más materiales sintéticos que las compañías manufactureras han incorporado en sus productos. Estas a su vez han aumentado sus ventas por medio de campañas de marketing orientadas a vender el ideal de la mujer productiva, eficiente y limpia. Este sistema es el que identificamos como el doble vínculo de la independencia. Pues, mientras que la mujer puede caer en el vicio de alinearse con los ritmos masculinos para dialogar socialmente con el hombre en igualdad de condiciones, esta voluntad de poder es precisamente aquello que distancia a la mujer de sus ciclos sexuales naturales, su convergencia con el ritmo lunar y eventualmente es aquello que carcome su energía vital por intentar ajustarse a un esquema de éxito diseñado por el ideal masculino del progreso indefinido. Esto deja a las mujeres frente a un escenario de degradación de su integridad y una desconexión de su matriz original.

Las chicas del radio

Fig 2: Registro fotográfico de los efectos secundarios del envenenamiento por radiación de las Chicas del radio en la fábrica de relojes United States Radium Corporation (1917).

Por supuesto, el fenómeno de la mujer que entra en las dinámicas de productividad tiene su origen mucho antes de la creación del tampón o la toalla higiénica. En este sentido, desde el imaginario colectivo hemos ignorado que detrás de la narrativa simplificada en torno a la emancipación de la mujer que se inserta en la fuerza laboral se esconde un doble vínculo pernicioso. Respecto de esto, es paradigmático el caso de las 120 trabajadoras de la fábrica de textiles que mueren tras una huelga por los derechos laborales a principios del siglo XX. Este caso deja en evidencia el agravio que el desarrollo industrial deja detrás de sí, tanto en el nivel de la contaminación por las fábricas como en el nivel del bienestar social. Otro ejemplo es el caso de Las chicas del radio (Fig. 2). Se trata de un grupo de mujeres que padecen una serie de efectos secundarios producto del envenenamiento por el radio presente en la pintura que utilizaban para confeccionar relojes luminiscentes (Macho-Stadler 2020). Este caso da cuenta tanto de los perjuicios de la ambición ciega de los dueños de las fábricas como también del problema de uso indiscriminado de químicos con efectos desconocidos en la salud.

Una vez instalado el dispositivo de la ecosofía de Guattari junto al desarrollo histórico de la menstruación, es posible evidenciar la manera en que el problema aquí planteado puede ser pensado en torno a los tres registros ecológicos. Primero, es evidente el problema ambiental que suscita el aumento exponencial del plástico en los productos de higiene y su eventual desecho en vertederos. En segundo lugar, en el nivel del problema social, identificamos que a la histórica tradición de vergüenza en torno a la menstruación se le añade una segunda dimensión de negación del ciclo femenino en pos del circuito del trabajo. Este sistema a su vez perpetúa el esquema del capitalismo por medio de la comercialización de estos productos desechables en favor de la industria. Por último, en el nivel de la subjetividad, la urgencia por ingresar en el paradigma de éxito moldeado a la medida del hombre, las mujeres suscriben al ritmo de la hiperproductividad y a la utilización de estos productos que dañan tanto su cuerpo como su entorno natural.

Finalmente, a modo de recapitulación, cabe recordar en primer lugar que en el nivel social la norma histórica ha sido la instalación del imperativo de la vergüenza y el silencio en torno a la menstruación y solo contadas culturas honraban colectivamente este momento en la vida de la mujer. Actualmente, el ideal del progreso y la hiperproductividad han impulsado a la mujer a ocultar su diferencia bajo la premisa de que los productos sanitarios son la manera de igualar en condiciones a la mujer y permitirle acceder al espacio del hombre sin sacrificar su productividad. Lo que encontramos al otro lado de este movimiento de emancipación es a una mujer escindida por la negación del dolor, la sangre y el cambio energético y hormonal. Es por esto que la mujer ha tomado distancia de su conexión con la tierra y en paralelo, la naturaleza ha seguido la curva de degradación facilitada por el modelo de consumo y producción actual.

A pesar de que el problema aquí desarrollado es uno que se arrastra desde los inicios de la configuración de la civilización, tomamos la propuesta de la ecosofía de Guattari como una invitación a pensar una nueva configuración de los tres registros ecológicos. Gracias al análisis que facilita el modelo, podemos asimilar los lineamientos del problema y dar cuenta del entramado entre mujer y tierra. Desde esta premisa, evidenciamos hoy a mujeres reclamando nuevamente su conexión con la tierra. Escuchamos a voces como la de Mistral haciendo un llamado a retornar a la madre-tierra original. Cuando en su poema “La tierra”, del poemario Ternura (1924), el sujeto poético vaticina: “y la madre que estaba rota / tú la verás volver entera.” (Mistral 156), asistimos a la inauguración de un relato alternativo a la catástrofe hacia la cual se orienta el imaginario de la crisis ambiental. En la misma línea, es creciente el movimiento de mujeres que se rehúsan a participar de la destrucción de su medio ambiente y se descartan del uso de productos higiénicos comerciales. Nos encontramos en un estado en el que comprendemos que sanar a la mujer es sanar a la tierra. A partir de esto, comienza a quedar atrás el histórico anquilosamiento de los ciclos naturales femeninos y retornamos poco a poco a sistemas inspirados en tribus indígenas como modelos de experiencia de la menstruación para recalibrar el desbalance ecológico.